Toda historia atorada en medio del corazón y del alma, que ha sangrado y cicatrizado y vuelto a sangrar, necesita sanar y desaparecer para dar paso a una nueva, tal vez mejor, tal vez peor, pero otra…con otro nombre, con otro cuerpo, no es posible vivir eternamente de recuerdos de un solo amante, y de unas medianas noches. Toda historia atorada que lastima, que es irrelevante pero no se puede dejar atrás con el tiempo se pudre y apesta, porque ya no vive, porque nadie ya cuida de ella, sólo desprende bacterias, recuerdos descompuestos y transfigurados de lo que alguna vez fue. Toda historia, mágica o corriente, tiene un principio y un final, los finales a veces llegan de manera sutil, tanto que no nos queremos dar cuenta, pero una vez que el destino ha dado su palabra, el hombre y la mujer se vuelven irrelevantes. Así pues, hoy entierro una historia, como su única dueña, la historia que tuve años enterrada en la mente y el corazón, pero sobre todo en la memoria, apestando, contaminando, extrañando…Tierra, piedras y un par de lágrimas, una por la tristeza que siempre causa decir adiós, y otra por la incertidumbre del camino futuro, ya sin historia, ya sin pasado, solo una tumba, sin nombre, sin fechas ni nada, sólo un pedazo de lo que se creía de dos pero sólo fue de uno, ya sin rencores, sólo un mal sabor de boca; adiós a la historia, adiós al rostro, adiós a la voz, adiós a la última y muy desagradable imagen de la traición a uno mismo, tal vez sin la cual nunca habría abierto mis ojos para enterrar lo podrido y por fin, ahora (esta vez SÍ), dejarlo atrás donde debió quedar desde un principio.
Toda historia incrustada en medio del corazón deja astillas, lastima constantemente, por más que trates de dejarla dentro y aliviar superficialmente la herida, es muy tarde, la herida es tan profunda que sino sacas a la historia para curar a profundidad el daño puedes morir…Y yo estuve cerca de morir, y lo peor es que era por voluntad propia, nadie me obligó a dejar la historia dentro, nadie me obligó a querer curar lo incurable, sólo forcé y forcé hasta que casi se perforó mi corazón, y aún así, al sacarla de golpe y súbitamente, perdí una parte de él, la cual se quedará también en la tumba anónima, ya que no hay destino a donde pueda mandarla, ni una mano milagrosa que le devuelva la vida. Así la perdí y traté de olvidar su ubicación, para no querer regresar, para no querer recuperarla, porque esa parte de corazón perdida, era la más destructiva y suicida, y la que me causó tanto dolor, por eso, que se vaya…que se pierda.
Toda historia extirpada deja un hueco en el alma y el corazón, en la memoria deja una inflamación imposible de aliviar, sólo el reposo del tiempo y la distancia la harán dejar de punzar. Pero, ¿y los huecos? Tal vez se pueden rellenar, tal vez se pueden ignorar, tal vez se pueden coser, qué sé yo; lo que me preocupa es mi mocho corazón, no sé si existan prótesis, ¿hay alguna rehabilitación? Ya no podemos hacer nada por las lágrimas, los pensamientos, los suspiros y los besos, todo ya se perdió como las estrellas en el hoyo negro del espacio, y de alguna manera aún quedan nuevas lágrimas, nuevos pensamientos y nuevos besos, pero no un nuevo corazón completo y feliz. Eso ocurre por no sacar poco a poco la estaca, eso pasa por aferrarse a la historia incrustada en el corazón, por escuchar las canciones y darles más vida de lo que en realidad son: sólo canciones, nada ahora es tan real como el final y el hueco, y la invalidez de una parte de mi alma, todo cuán completo fue mi corazón, rojo, feliz y vivaz murió poco a poco sin que yo quisiera ver y ahora no pudimos hacer más, como gangrena esa historia lo contaminó, por mi culpa, mi maldita culpa y mis ganas de creer…
Toda historia enterrada crea la sensación de quererla visitar alguna vez, para recordarla, llevarle flores y rendirle un poco de tributo, después de todo, es una parte de mí, pero no, ya no, porque podría desenterrarla y quererla volver a enterrar en mi corazón, no, ya no, si una nueva historia ha de nacer, para bien o para mal, no se relacionará con la enterrada, ni su nombre escuchará, porque la vida es una flecha cuya punta es el futuro, cuyo cuerpo es el presente y cuya cola es el pasado, a donde quiera que la punta de mi flecha vaya, mi cuerpo no mirará más al terminado pasado, adiós pues, mi historia falsa, adiós pues, pedazo de mi corazón, adiós pues mi fe en la magia, adiós pues todo, todo, todo, les dejo una rosa, la cual, al perder su último pétalo, simbolizará el momento en que yo finalmente dejé todo esto atrás.
EL FINAL